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¿Tienes humedades en casa? El verano es el mejor momento para solucionarlas

Las humedades son uno de los problemas más habituales en las viviendas y también uno de los que más se tienden a posponer. Muchas veces comienzan con una pequeña mancha en la pared o en el techo, una zona donde la pintura empieza a levantarse o un ligero olor a moho que apenas se percibe. Como el deterioro suele ser progresivo, es frecuente recurrir a soluciones temporales, como volver a pintar la superficie afectada o limpiar las manchas visibles, sin actuar sobre el origen del problema.

Sin embargo, las humedades no desaparecen por sí solas. Si no se identifica la causa —ya sea una filtración, una condensación o una humedad por capilaridad— el agua seguirá afectando a los materiales de construcción y el problema terminará reapareciendo. De hecho, el Código Técnico de la Edificación (CTE) establece requisitos específicos para proteger los edificios frente a la presencia de humedad y evitar que afecte a la salubridad y a la durabilidad de los elementos constructivos.

Aunque cualquier época del año puede ser adecuada para diagnosticar una humedad, el verano ofrece unas condiciones especialmente favorables para aplicar muchos de los tratamientos. Las temperaturas más altas, la menor humedad ambiental y una ventilación más sencilla favorecen el secado de paredes y revestimientos, además de mejorar el comportamiento de algunos productos utilizados en la reparación e impermeabilización.

Esto no significa que el calor, por sí solo, elimine las humedades. Lo que ocurre es que unas condiciones ambientales más estables permiten trabajar con mayor eficacia y facilitan que determinados tratamientos alcancen el rendimiento para el que han sido diseñados. En muchos casos, intervenir durante los meses de verano también reduce el riesgo de que las lluvias o la humedad propia del invierno retrasen los trabajos o dificulten el proceso de secado.

Cómo se forma la humedad en una casa y por qué no es solo agua

El agua está en el aire, en el suelo y en los materiales de construcción de forma permanente. Lo que llamamos humedad en una casa es el resultado de que esa agua, en alguna de sus formas, se acumula en los materiales de construcción en una concentración que supera su capacidad de absorción o que impide su correcta evaporación. A partir de ahí, el agua empieza a migrar hacia las superficies interiores, a degradar los materiales por los que pasa y a crear las condiciones de temperatura y humedad que necesitan los hongos y las bacterias para desarrollarse, que es lo que produce el moho visible.

El proceso no es instantáneo. Una mancha de humedad que aparece hoy en la pared de un dormitorio lleva semanas o meses formándose por detrás de la capa de pintura o del revestimiento. Lo que se ve es el último paso de un proceso que ha ido avanzando silenciosamente desde el origen del problema hasta la superficie visible.

Y aquí está la primera razón por la que actuar en invierno sobre una humedad visible suele ser ineficaz: se está tratando el síntoma, la mancha en la superficie, sin acceder al origen del problema, que está en el interior del muro o en la estructura. Aplicar pintura antihumedad sobre una pared que sigue mojada por dentro es exactamente tan eficaz como poner una tirita sobre una herida infectada sin desinfectarla antes.

Los tres tipos de humedad que pueden aparecer en una vivienda

No todas las humedades son iguales, y el tratamiento correcto depende de identificar correctamente cuál es el origen del problema en cada caso. Hay tres tipos principales que aparecen en las viviendas con mucha más frecuencia que cualquier otro.

La humedad por condensación es la más extendida y la que más frecuentemente se confunde con otros problemas. Se produce cuando el vapor de agua que hay en el aire interior de la vivienda, generado por la respiración de las personas, la cocina, las duchas y el lavado de ropa, entra en contacto con superficies frías y se condensa en forma de agua líquida. Las superficies más frías son habitualmente las paredes exteriores, los techos de las esquinas y las zonas próximas a los puentes térmicos, que son los puntos donde la continuidad del aislamiento se interrumpe. El moho que aparece en esas zonas, ese manchado negro o verdoso que se desarrolla especialmente en invierno y en las primeras semanas de otoño, es la señal más característica de este tipo de humedad.

La humedad por capilaridad es completamente diferente en su origen y en su aspecto. El agua del suelo asciende por los muros de las plantas bajas a través de los poros de los materiales de construcción, exactamente igual que el agua sube por un terrón de azúcar cuando se pone en contacto con un líquido. Este proceso, que se llama ascensión capilar, puede llevar el agua varios metros por encima del nivel del suelo en muros sin tratamiento hidrófugo. El aspecto característico de este tipo de humedad es una franja de humedad en la parte baja de las paredes, con eflorescencias de sal en la superficie y deterioro progresivo del revestimiento desde abajo hacia arriba.

La humedad por filtración es la que aparece cuando el agua penetra directamente a través de la envolvente del edificio, ya sea por una cubierta en mal estado, por fisuras en la fachada, por juntas deterioradas o por la presión del agua del terreno sobre los muros de sótanos y viviendas semienterradas. En estos últimos casos la presión hidrostática puede ser considerable, especialmente en terrenos con nivel freático alto o en zonas con lluvias intensas, y el agua puede aparecer literalmente manando a través de la pared en los casos más severos.

Por qué el verano y no el invierno ni la primavera

El primero de los motivos es el secado de los materiales. Los tratamientos más eficaces para las humedades, tanto los inyectados para la capilaridad como los impermeabilizantes para la filtración y los correctivos para la condensación, requieren que los materiales sobre los que se aplican estén suficientemente secos para que el producto pueda penetrar, adherirse y actuar correctamente. En invierno y en primavera, los muros de una vivienda con problemas de humedad están saturados de agua. Intentar aplicar un tratamiento sobre un muro saturado es como intentar pintar sobre una superficie mojada: el producto no se adhiere, no penetra donde necesita penetrar y el resultado es efímero.

En verano, las altas temperaturas y la baja humedad relativa del ambiente aceleran el proceso de secado de los materiales. Un muro que en enero tendría una humedad interna del ochenta por ciento puede estar en condiciones de ser tratado correctamente en julio, cuando la combinación de calor y ventilación ha reducido esa humedad a niveles que permiten la correcta aplicación de los tratamientos.

Por otro lado, la mayor parte de los tratamientos impermeabilizantes, resinas de inyección y morteros especiales tienen temperaturas mínimas de aplicación que en invierno no siempre se cumplen en las zonas más frías de España. Por debajo de ciertos umbrales de temperatura, los tiempos de curado se alargan, la adherencia se reduce y el resultado final no es el óptimo. En verano esas limitaciones desaparecen.

Además, en verano muchas viviendas están desocupadas total o parcialmente, lo que facilita realizar las obras con menos interferencias en la vida cotidiana y permite que los tratamientos curen correctamente sin que la generación de vapor de agua de los ocupantes interfiera en el proceso.

Cómo se tratan correctamente las humedades según su tipo

Los expertos de Planit señalan que, en muchos casos, las viviendas presentan más de un tipo de humedad de forma simultánea, lo que requiere un diagnóstico previo detallado antes de proponer cualquier tratamiento. Así, el error más frecuente en el tratamiento de humedades es aplicar la misma solución a problemas diferentes. Una pintura antihumedad puede ser suficiente para casos muy superficiales de condensación, pero no tiene ningún efecto sobre la humedad por capilaridad, y aplicarla sobre una filtración activa es directamente contraproducente porque puede crear presión hidrostática que dañe el revestimiento desde dentro.

Para la humedad por condensación, el tratamiento correcto pasa por mejorar el aislamiento térmico de las superficies afectadas, especialmente en los puentes térmicos, y por mejorar la ventilación del espacio para reducir la concentración de vapor de agua en el aire interior. En algunos casos también se utilizan revestimientos con propiedades higroscópicas que absorben y liberan la humedad de forma controlada, reduciendo los picos de condensación.

Para la humedad por capilaridad, el tratamiento más eficaz es la inyección de productos hidrófugos en los muros, que crean una barrera química que interrumpe la ascensión del agua. Este tratamiento requiere que el muro esté suficientemente seco para que el producto inyectado pueda distribuirse por los poros del material y crear una barrera continua. De ahí la importancia del verano.

Para las humedades por filtración, la solución depende del origen. Si el problema está en la cubierta o en la fachada, hay que actuar sobre esos elementos. Si el problema está en un sótano o en una vivienda semienterrada, puede ser necesario aplicar impermeabilizantes de membrana o morteros de cristalización que sean capaces de resistir la presión hidrostática del agua del terreno desde el interior.

El moho: el indicador que nadie debería ignorar

El moho no es solo un problema estético, aunque su aspecto sea desagradable y su efecto sobre las superficies sea destructivo. Es un problema de salud documentado que merece más atención de la que habitualmente recibe en las conversaciones sobre humedades en la vivienda.

Las esporas de los hongos que producen el moho visible en paredes y techos se dispersan continuamente por el aire interior de la vivienda y pueden ser inhaladas por los ocupantes. En personas con sensibilidad respiratoria, asma o alergias, la exposición continua a esporas de moho puede agravar significativamente los síntomas. En niños y personas mayores, cuyo sistema inmunitario es más vulnerable, el impacto puede ser especialmente relevante.

Según la Organización Mundial de la Salud, en su informe sobre calidad del aire interior en viviendas europeas, la humedad excesiva y el moho son uno de los principales factores de riesgo para la salud respiratoria en interiores, y su presencia en una vivienda debería considerarse una señal de alerta que requiere actuación, no solo estética sino sanitaria.

Pintar encima del moho sin tratar la humedad que lo genera no elimina el problema. Las esporas siguen activas debajo de la pintura, la humedad sigue actuando sobre los materiales y en pocas semanas o meses el moho vuelve a aparecer en la superficie, a veces con más extensión que antes porque la capa de pintura ha creado un ambiente más favorable para su desarrollo.

Cómo detectar una humedad antes de que se vuelva un problema mayor

La detección temprana de los problemas de humedad es lo que permite actuar antes de que el daño se extienda y el coste de la solución se multiplique. Hay señales que aparecen antes de que la mancha sea visible y que conviene conocer.

El olor es uno de los primeros indicadores. Ese olor a cerrado, a húmedo, a encerrado que hay en determinadas habitaciones, aunque estén ventiladas es frecuentemente el resultado de humedad activa en los materiales, aunque la superficie todavía no muestre ninguna mancha visible. Las paredes que al tacto se notan frías en verano, significativamente más frías que el resto, pueden estar indicando una concentración de humedad interior que todavía no ha llegado a la superficie.

El deterioro de los rodapiés y de la parte baja de las paredes es otro indicador de capilaridad que aparece antes que la mancha generalizada. Las burbujas en la pintura, el desprendimiento de revestimientos y la aparición de eflorescencias blancas, esos depósitos de sal que quedan cuando el agua se evapora en la superficie, son todas señales que deben llevar a una revisión antes de que el problema avance.

Lo que debemos hacer antes de que llegue el otoño

El verano es una ventana de oportunidad que se cierra con las primeras lluvias de otoño. A partir de septiembre u octubre, dependiendo de la zona, las condiciones vuelven a ser las que favorecen el avance de las humedades y dificultan su tratamiento efectivo. Aprovechar los meses de calor para actuar tiene un beneficio adicional: si el tratamiento se hace correctamente en verano, el otoño e invierno siguientes son los primeros en que la vivienda llega a las estaciones húmedas con las defensas en orden.

El proceso correcto empieza con un diagnóstico. No con la compra de un producto antihumedad en un droguería ni con la llamada a alguien que pueda pintar encima, sino con una valoración por parte de un profesional que identifique el tipo de humedad, su origen y la extensión real del problema, que puede ser mayor de lo que la superficie visible sugiere.

A partir de ese diagnóstico, el tratamiento adecuado puede aplicarse en las condiciones óptimas que el verano ofrece. El resultado es una vivienda que llega al invierno sin humedades activas, con los materiales tratados y protegidos, y sin la perspectiva de volver a ver esa mancha en el techo del dormitorio cuando lleguen las primeras lluvias. Las humedades no desaparecen solas. Pero con el tratamiento correcto en el momento adecuado, pueden desaparecer para siempre.

 

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