El mal aliento es un problema que preocupa a las personas que lo sufren. A muchos de ellos les coarta sus relaciones sociales y baja su autoestima. Les acompaña allá donde van, como el hedor que desprende una mofeta. Pasamos a investigar qué es y cómo se combate.
Dice el Doctor Bernard J. Hennessy, profesor de odontología de la Universidad de Texas, en un artículo que publicó en MSD Manuals, qué halitosis suena a sentencia. A una enfermedad grave. Pero no es más que el término que utilizan los médicos y los dentistas para referirse al mal aliento.
La halitosis no es una enfermedad, sino el síntoma de una dolencia o de una reacción química que se está produciendo en nuestra boca o en nuestro sistema digestivo. Por tanto, antes de hablar de halitosis como tal, lo primero es investigar cuál es su causa.
Los odontólogos de Quintana 1 Dental, una clínica dental que lleva cuidando la boca de los vecinos del barrio madrileño de Argüelles en los últimos 35 años, opinan que la mayoría de los casos de halitosis tienen su origen en una deficiente higiene dental. Y que en el caso, de que el problema persista, es conveniente visitar a nuestro dentista.
No les falta razón. Ya que según las estadísticas, 9 de cada 10 casos de mal aliento tienen su origen en un problema bucal. Puede ser una limpieza deficiente, una caries profunda o una enfermedad en las encías como la gingivitis o la periodontitis.
Pero no hay que ser tan simplistas. Como vamos a ver a continuación, la halitosis es mucho más complicada.
Las causas.
Las causas de la halitosis son múltiples y variadas, y en algunos casos concretos, puede ser una combinación de varias de ellas. Son estas:
- Mala higiene bucal. La causa más frecuente. La acumulación de placa bacteriana, restos de comida y sarro entre los dientes o sobre la lengua favorece la proliferación de bacterias que liberan compuestos sulfurados, responsables del mal olor.
- Enfermedades periodontales (gingivitis y periodontitis). Las infecciones e inflamaciones de las encías provocan sangrado, bolsas de placa bacteriana en el interior de la encía y proliferación bacteriana, generando un olor persistente difícil de eliminar con el cepillado.
- Boca seca. La falta de saliva reduce la capacidad de limpieza natural de la boca. Puede deberse a medicación, estrés, tabaco o deshidratación, lo que facilita el desarrollo de bacterias malolientes.
- Consumo de determinados alimentos o sustancias. El ajo, la cebolla, el café, el alcohol y el tabaco son conocidos por dejar un aliento fuerte. En algunos casos, sus compuestos son absorbidos y liberados posteriormente por los pulmones.
- Problemas gástricos. Alteraciones como el reflujo gastroesofágico, gastritis o infecciones por Helicobacter pylori suelen provocar halitosis desde el sistema digestivo.
- Amígdalas y vías respiratorias. La presencia de cálculos en las amígdalas, sinusitis o infecciones respiratorias también puede producir mal olor, especialmente por la acumulación de mucosidad y bacterias.
- Ayuno prolongado y dietas restrictivas. Cuando el cuerpo entra en cetosis; es decir, que no se ingieren suficientes hidratos de carbono, se generan cetonas que se eliminan por el aliento y producen un olor característico.
- Prótesis dentales mal ajustadas o poco higienizadas. Las prótesis dentales mal limpiadas, las dentaduras postizas de poner y quitar, pueden retener restos de comida y bacterias, que despiden un mal olor persistente.
Condiciones que potencian el mal aliento.
Ya las hemos mencionado en las causas, pero vale la pena detenernos un poco más para comprender como actúan en este fenómeno. Fumar, beber alcohol, la ingesta de ciertos medicamentos o comer ciertos alimentos crudos provocan mal aliento.
El tabaquismo provoca halitosis por varias razones. El humo del tabaco reduce la producción de saliva, lo que altera el ecosistema de la boca y facilita que proliferen las bacterias causantes del mal olor. La nicotina, por otro lado, tiene un efecto vasoconstrictor, que disminuye el riego sanguíneo que llega a las encías, promoviendo la aparición y desarrollo de enfermedades como la periodontitis, otra de las causas habituales de halitosis. Los fumadores habituales generan una atmósfera tóxica permanente en la boca, que hacen que el olor a tabaco persista.
La ingesta excesiva de alcohol también provoca mal aliento. El alcohol es un agente deshidratante. Igual que sucede con el tabaco, disminuye considerablemente la producción de saliva. Al mismo tiempo, el alcohol puede provocar problemas estomacales, como el reflujo o la gastritis, que liberan gases procedentes del estómago y llegan hasta la boca, los cuales, a su vez, alimentan a las bacterias fétidas.
Muchos medicamentos antidepresivos, antihistamínicos, diuréticos, relajantes musculares y algunos antibióticos producen mal aliento. Este efecto suele aparecer recogido en el prospecto, dentro de la lista de efectos secundarios. Actúan así debido a las reacciones químicas que producen dentro de nuestro organismo.
Por otro lado, como todos sabemos, comer cebolla y/o ajo crudo produce mal aliento, debido a la liberación de compuestos sulfurosos que se produce durante su ingestión. Al comer estos vegetales, el azufre que contiene viaja por el torrente sanguíneo. La sangre llega a los pulmones y estos gases suben por el aparato respiratorio hasta llegar a la boca. Hasta que la sangre no consiga eliminar estos compuestos, el mal olor puede persistir, incluso después de habernos lavado los dientes.
Enfermedades dentales relacionadas con la halitosis.
Como indicamos en la introducción, la mayoría de los casos de mal aliento están relacionados con problemas bucales y dentales. Estas son algunas de las enfermedades asociadas a este problema:
- Gingivitis. Es la inflamación que provoca sangrado, enrojecimiento en las encías y mal olor debido a la presencia de bacterias anaerobias que liberan compuestos sulfurados. Si no se trata, puede evolucionar hacia una periodontitis.
- Periodontitis. Se trata de una infección avanzada de las encías y del tejido que sostiene los dientes. Las bolsas de placa bacteriana que se forma dentro de las encías, infectan y descomponen los tejidos blandos y la base de los dientes, lo que genera un olor intenso y persistente que perdura incluso después el cepillado.
- Caries dental. Las caries profundas también provocan mal olor, ya que albergan bacterias que descomponen restos de alimentos dentro de la cavidad del diente, produciendo gases malolientes. Además, cuando se alcanza la pulpa, puede aparecer un olor fuerte y desagradable debido a la infección.
- Infecciones y abscesos dentales. Cuando una caries no se trata, puede originar un absceso o una necrosis pulpar (muerte del nervio). En estos casos, el mal olor procede de la descomposición de tejidos y del pus que aparece dentro del diente o la encía.
- Lengua saburral (o lengua blanca). La acumulación de bacterias, células muertas y restos alimenticios en la superficie de la lengua produce un recubrimiento blanquecino con olor desagradable. Es una de las causas más comunes de halitosis persistente.
- Pericoronitis. Esta es una inflamación del tejido que rodea un diente parcialmente erupcionado, como suele ocurrir con las muelas del juicio. El área se infecta con facilidad, generando pus y mal olor.
Algunos mitos sobre la halitosis.
Alrededor de la halitosis se han creado muchos mitos urbanos. Uno de ellos es la idea de que la halitosis es contagiosa. Esta idea es completamente falsa. El mal aliento es un síntoma de una enfermedad infecciosa o de una reacción química que se da dentro del cuerpo, como ya hemos visto con la ingesta de ajo crudo.
Lo que sí puede suceder es que las bacterias que la causan se puedan transmitir de una persona a otra mediante actos íntimos como besarse o compartir los cubiertos. De todos modos, con una correcta higiene dental, esta trasmisión de bacterias no produce ningún efecto.
La otra idea es la convicción de que existen pastillas o caramelos que eliminan el mal aliento. Esto tampoco es real. Un caramelo de menta fresca, en todo caso, puede camuflar el mal olor, pero no lo elimina. Solo abordando las causas que provocan la halitosis se puede desterrar.
Cómo tratarla.
La revista Gaceta Dental aclara que en muchos casos con instaurar una adecuada higiene dental, limpiándonos los dientes 2 veces al día, después de la comida y la cena, y utilizando el hilo dental en una de las dos ocasiones puede ser suficiente para curar la halitosis.
Si aún, adoptando esta rutina como costumbre, la halitosis persiste, es conveniente visitar a nuestro dentista. Él investigará más a fondo la causa que la ha provocado y, por tanto, la abordará en consecuencia.
Para tratar el mal aliento, unas de las acciones que más se suelen realizar en las clínicas dentales es practicar las limpiezas profesionales. La limpieza que nos practica el dentista logra remover y eliminar el sarro, que es una fuente de halitosis, y que no se puede quitar con el cepillado doméstico.
Si la halitosis está causada por una enfermedad periodontal en las encías o por una caries profunda, hasta que no se resuelva este problema, el mal aliento continuará. Por lo que, en tales casos, la limpieza profesional no es más que un parche provisional.



